Wednesday, March 07, 2007

Sintesis Histórica



Catolicismo como sujeto Histórico en América Latina.
Es estas pequeñas líneas introductorias, pretendo hacer una síntesis del rol histórico de la Iglesia Católica, aquella que fue que llegó junto con la espada cruel y opresora del español, pero que se ha reivindicado gracias a figuras como Un Bartolomé de las Casa, un Monseñor Romero, un Helder Camara y un Casaldáliga y porque no un Alberto Hurtado y un Silva Henríquez y un sacerdote compañero Rafael Maroto.
La Iglesia Católica ha sido y es un sujeto social de primer orden en desarrollo histórico Iberoamericano, presente desde los albores de la conquista española, actuando algunas veces como un brazo más del esfuerzo colonizador español, muchas veces aceptando el régimen colonial el “que en varias ocasiones se veía incompatible con el mensaje cristiano”[1] y por otro lado, teniendo figuras cómo el Padre Bartolomé de las Casas y Fraile Antoine de Montesinos, personajes que se destacaron como valientes defensores de la dignidad de los habitantes originarios de América, llegando incluso a cuestionar la legitimidad de ciertas conductas tanto de la corona como de sus representantes.
Como es de todos sabido, la conquista y ocupación española de los territorios americanos fue una tarea llevada a cabo principalmente por privados, la corona sólo se limitaba en señalar el territorio que debía ocuparse y conquistarse, delegando la organización y realización a los capitanes de conquista, que comprometían su patrimonio en equipar lo que se conoce como empresa de conquista, el estado, por su parte “delegaba en el capitán alguno de sus atributos, como gobernar la nueva jurisdicción, administrar justicia repartir tierras y encomiendas”[2], pese a esta aparente falta de participación directa por parte del estado español, en el proceso de conquista americano, no sucedió lo mismo en lo que respecta al aspecto religioso, pues desde un principio se evidenció la intención por parte de la corona de mantener al clero bajo su dependencia política, así la actividad evangelizadora quedaba controlada por la voluntad de la corona, con lo cual se perseguía el objetivo de “bloquear la ingerencia de la Santa Sede en los asuntos americanos”[3]
Luego el papel de la Iglesia durante la colonia es fundamental, junto a la Corona es la Iglesia el verdadero poder en la sociedad civil, esto debido a su fuerte poder económico, su influencia en las actividades intelectuales y sociales, lo se explica en gran parte en su labor evangelizadora, y principalmente por el destacado papel que tubo en el ámbito de la cultura, siendo el gran vehículo de la expansión del idioma castellano en el continente, además de ser la principal institución encargada de la educación y de la creación artística y cultural en el continente, aportando importantes figuras intelectuales como un Manuel Lacunza o el Abate Molina, por nombrar algunas.
Durante el proceso de Independencia la Iglesia “no asumió una postura de bloque”[4] teniendo figuras destacadas tanto en el bando realista como en los partidarios de la independencia.
Una vez lograda la independencia la Iglesia Católica cumple una destacada participación en el proceso de formación de los estados nacionales, sin abandonar jamás los roles asumidos desde la conquista, en este contexto, se producen una serie de fenómenos que tensan las relaciones Iglesia- Estado, que luego originará la separación Iglesia Estado, es menester señalar en lo que respecta a la evolución de Relación Iglesia – Corona a Iglesia –Estado que “de una común herencia colonial ligada a la Corona, han surgido luego del proceso de independencia relaciones de la Iglesia y el Estado radicalmente diferentes”[5] siendo importante señalar que este fenómeno adquiere distintos matices en los países de la región, dándose en algunos casos producto de una negociación pacífica entre las partes como fue el caso chileno y uruguayo y en otros casos adquiriendo matices violentos y traumáticos como fue el caso mexicano y haitiano, por mencionar algunos ejemplos.
La Iglesia Católica Latinoamericana, por consiguiente, es y ha sido un actor social de primer orden con un fuerte arraigo en la región, representante de lo que se conoce como legitimidad social y cultural, como decía el destacado sociólogo chileno Claudio Orrego “puede ser que como institución organizada la Iglesia católica sea una proporción pequeña de la vasta masa del pueblo latinoamericano, pero dentro del mundo institucionalizado, no hay otra que se le iguale en extensión, variedad e influencia, al menos a escala continental”[6]
En Chile, por su parte, el rol de la Iglesia Católica ha sido fundamental en la formación de las élites y en la conformación de la idea Estado-Nación, siendo una de las pocas instituciones que han tenido una presencia permanente en el territorio a lo largo de la historia nacional.
Cabe hacer notar que la separación con el Estado en Chile, producida en el año 1925 “no fue resistida por parte de la Iglesia”[7], esta separación le permitió un grado de independencia respecto al Estado, lo que a su vez se tradujo, tanto en su organización Interna, donde pudo nombrar libremente a sus Autoridades, además de crear Vicarías, Obispados, y asociaciones que nacieron a su alero como fue la Acción Católica, la Juventud Obrera Católica por nombrar algunas, la autonomía de la Iglesia también se tradujo en la posibilidad de mantener centros educacionales, como Colegios, Universidades y Seminarios al alero de los cuales se desarrolló una importante corriente cultural.
La independencia tanto política como ideológica de la Iglesia Católica respecto al estado chileno, facilitó, que en Ella se pudieran desarrollar nuevas formas de pensamiento respecto a la cuestión social, sin la ingerencia por parte del estado.
Como consecuencia de lo anterior, podemos afirmar que en la Iglesia chilena, a contar ya de la primera mitad del siglo XX, se observa la influencia de la Doctrina Social de la Iglesia, en un comienzo en forma tímida, pero luego gracias a la irrupción de figuras claves como los Sacerdotes Francisco Vives, Oscar Larson, el Padre Alberto Hurtado y Monseñor José María Caro empieza a cobrar fuerza progresiva, la que se difunde principalmente a través de las Universidades, y las Asociaciones de Laicos, como la Acción Católica y otras.
Por consiguiente, la Iglesia Chilena al comenzar la década de 1960, tenía una basta experiencia en las luchas sociales, habiendo apoyado por ejemplo, la huelga campesina de Molina producida el año 1952 la cual contó con el apoyo incondicional del Cardenal José María Caro y del Obispo de Talca Manuel Larraín, y lo principal, es que gran parte del Clero y una importante proporción del laicado comprometido tenía asimilado Doctrina Social de la Iglesia, lo que junto con los acontecimientos propios suscitados principalmente desde la post guerra, posibilitaron y encauzaron el discurso social y la idea de llevar a cabo la reforma agraria en los las tierras de su propiedad.

[1] Fernando Bastos de Ávila y Pierre Bigó: “Fe Cristiana y compromiso social”. Ilades Editorial Salesiana, Santiago de Chile, 1987, segunda edición, p.37.
[2] Sergio Villalobos, Osvaldo Silva, Fernando Silva y Patricio Estelle: “Historia de Chile”. Editorial Universitaria, Santiago de Chile 1983, p 88.
[3] Fernando Aliaga Rojas: “La Iglesia en Chile”. Ediciones Paulinas, Santiago de Chile, 1989, tercera edición, p. 12.
[4] Ibíd. p. 115
[5] Raúl Cereceda: “Las Instituciones Políticas en América Latina”. Editorial Feres- Friburgo, Bogotá Colombia, 1961, p. 205.
[6] Claudio Orrego Vicuña: “Fe, Política y Cultura”. Editorial Atena. Santiago de Chile, 1991, p. 94.
[7] Raúl Cereceda: Op. Cit. P. 214.

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