. Política Exterior de Chile en relación a las Operaciones de Paz..
La vocación de cooperación internacional de Chile, nace junto con la formación del Estado, así, una de los primeros anhelos de nuestro Padre de la Patria don Bernardo O’ Higgins fue la implementación de la escuadra libertadora del Perú, así la participación en misiones de paz propiamente tal data de 1935 a raíz de la Guerra del Chaco, y luego numerosas misiones, en el conflicto Indio-Pakistani, de Chipre, del Medio Oriente, Kosovo, Timor Oriental por nombrar algunos ejemplos.
Sin embargo, es a partir de la llegada de los gobiernos de la concertación se inicia la política calificada por el profesor Manfred Wilhelmy como de “reinserción internacional”[1], la cual se ha caracterizado por la intención de posicionar al Estado Chileno dentro del contexto internacional, a través de la celebración de tratados y convenios de índole económico (Tratados de Libre Comercio, de Cooperación y transferencia tecnológica etc) de la cooperación entre las FFAA del Continente, a través de la participación en ejercicios conjuntos y política a través de la participación del país en foros internacionales y en las Organizaciones Internaciones, así se ha dado la participación de Chile como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidad, en la Presidencia de la OIT, de la OEA, y en general en la intención por parte de las autoridades de participar en las Organizaciones estables de la Política Exterior.
Dentro de este contexto se explican las iniciativas tanto del mundo político como militar de participar activamente en Operaciones de Paz, pues para los militares, su participación permite el tener experiencia operacional y mostrar efectivamente el grado de preparación y para el mundo político, sirve para dar una sólida país, y al respecto se señalaba en el libro de la Defensa que “la voluntad política de participar en Operaciones de Mantenimiento de la Paz, propiciada por las Naciones Unidas, constituye uno de los objetivos de nuestra política de defensa y también de nuestra política exterior”[2].
Es evidente que la participación de nuestro país en Operaciones de Paz, se enmarca en los ejes de los Objetivos propios de la Política Exterior, de la Globalización y de la Hegemonía. Los conflictos sociales, producto de la globalización han tomado en ciertos casos un carácter de mundial, esto por la aceptación de los Derechos Humanos y por los medios de comunicación social que se encargan de sacar a la luz pública los conflictos y catástrofes humanitarias, por otro punto, desde el punto de la Hegemonía, nuestro país a intentado mantenerse neutral de las políticas de la o las naciones hegemónicas, favoreciendo su participación en Operaciones encabezadas por la ONU u otras de carácter Regional, declinando la participación en Operaciones en las cuales la mano de alguna Potencia Hegemónica sea evidente.
Por otra parte, habría que analizar cual es el aporte de las Fuerzas Militares en el contexto de las Operaciones de Paz, de más esta el decir, que la calidad profesional y la disciplina de nuestras FFAA, ha sido reconocida, en todos frentes donde han participado, pero hay un factor subjetivo que tiene que ver con la Chilenidad. Las FFAA, han sido pilares fundamentales de la concepción de Estado Nación, y han crecido y evolucionado a la par del desarrollo institucional y económico del país, así los miembros de nuestro país que participan en Operaciones de Paz, junto con demostrar sus capacidades profesionales y técnicas, entregan un elemento que podríamos calificarlo de “valor agregado” que es la Chilenidad, y todo lo asociado a dicha idea, es decir, los valores propios de la nación, como es la solidaridad, la disciplina, generosidad y sencillez de un pueblo acogedor, y una forma de ser, un carácter que nos identifica dentro del contexto regional.
Así junto, con entregar las capacidades técnicas, los miembros de las FFAA, son reflejo el Ethos social de Chile, de un país, que dentro de las limitaciones hace bien las cosas, con disciplina esfuerzo y colaboración, pero que además muestra lo mejor del lo que calificaba el Cardenal Silva Henríquez del “Alma Nacional” un alma generosa y solidaria, que junto con la rigurosidad propia del carácter militar muestra la ternura del padre de familia chileno, que junto a la valentía y coraje propia del ancestro indígena, muestra la inteligencia de los forjadores de la Patria, este es un valor, una externalidad como dirían los economistas no analizada ni estudiada, pero no por ello, menos importante, pues si hay algo reconocido donde han actuado los Chilenos, es que han dejado su impronta, impronta que no solo de debe a las capacidades militares sino también humanas, que son reflejos de una chilenidad, que son el reflejo de subjetivo pero algo tan evidente como “Alma Nacional” o el estilo de vida y de hacer las cosas los chilenos.
[1] Wilhelmy Manfred: Los Principales rasgos de la Política Exterior Chilena entre 1973 y el 2000. Revista de Ciencia Política, Volumen XXIII, Nº 2, año 2003, p.280.
[2] Libro de la Defensa de Chile, 1997. p. 45.


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