Testimonio
GENESIS LA REFORMA AGRARIA DE LA IGLESIA CATOLICA CHILENA.
La reforma agraria de la Iglesia fue una especie de experimento, donde se ensayaron distintos modelos tanto en la modalidad que irían a tener los nuevos asentimientos como en los criterios de selección de las familias que recibirían tierras, la propuesta de planes de manejo para cada asentamiento y las formas de acceso al crédito.
El experimento no comenzó la tarde lluviosa del 26 de junio del año 1962, pues los procesos históricos son fruto de la maduración del conflicto que en un momento determinado de la historia irrumpen, la Iglesia como se adelantó, venia trabajando sistemáticamente con el agro a partir de la década de 1930, el trabajo hecho junto a los campesinos por un lado y con jóvenes de aristocracia y mediocracia por otro, que fueron quienes en definitiva constituyeron el grueso de los equipos técnicos de la Iglesia, tenía décadas de gestación, numerosos son los testimonios que señalan a modo de ejemplo que el Padre Alberto Hurtado, alentó a los jóvenes a interesarse no sólo emocional sino técnicamente por las problemáticas sociales, por tanto, no podríamos entender el proceso en estudio, sin la experticia de años de trabajo que llevaba la Iglesia en el agro, sin la concurrencia por un lado de campesinos más o menos interiorizados y familiarizados con la idea de la reforma agraria, y sin los técnicos (agrónomos, economistas, educadores y otros) que estuvieran interesados en sustentar éstos cambios, y la gestación en concreto de la idea de realizar la reforma agraria, además de la voluntad generosa de los dos prohombres de la Iglesia Católica chilena como fueron monseñor Larraín y el Cardenal Silva Henríquez, nace del seno de una institución pilar en la reforma agraria que fue el Instituto de Educación Rural, en el texto citado de Oscar Domínguez la búsqueda del “militante” no era casual, sino que buscaban campesinos instruidos y comprometidos que asumieran un rol fundamental en los cambios que algunos soñaban, en el mismo texto de Domínguez en su apéndice se da una reseña de los las materias contempladas en la capacitación entre las cuales destacan las materias de “Educación Cívica y Social” temario que se desglosaba en “Moral, instrucción cívica, cooperativas, educación económica, desarrollo comunitario, convivencia y administración del hogar y liderazgo”[1] y cuya importancia era de tal magnitud que correspondía a 300 horas pedagógicas de las 720 que duraba el curso de práctico agrícola, y como confirmó al respecto don Ángel Valenzuela, “en las clases era recurrente tratar el tema de la reforma agraria”, las asignaturas y la forma de impartirlas tenían evidente un objetivo claro, como se dijo formar un campesino católico comprometido adelantándose a una penetración comunista en el agro, además de fortalecer la presencia de la Iglesia Católica en los sectores rurales, pues era en este segmento poblacional, donde las Iglesias Protestantes, irrumpieron con mayor fuerza a partir de la segunda mitad del siglo XX.
El proyecto de la reforma agraria de la Iglesia en concreto fue fruto del esfuerzo y cooperación de numerosos técnicos y profesionales católicos que se reunieron a iniciativa del Obispo de Talca Manuel Larraín en el mes de noviembre de 1961, el cual quedó más o menos configurado en enero de 1962 para explicar la génesis reproduciremos una carta personal enviada por don Fernando Fuenzalida Jencquel a don Ángel Valenzuela
“Estimado Ángel:
Hace algunos días te fui a buscar a calera de Tango y allí me impuse que te habías trasladado a Colina. A pesar de los años trascurridos guardo un inmejorable recuerdo por ti, tanto por tus condiciones personales, como por tu espíritu de trabajo.
En estos momentos tengo entre mis manos un proyecto verdaderamente interesante y me gustaría enormemente contar contigo para desarrollarlo. Aunque sería muy largo describírtelo en una carta y espero poder hacerlo personalmente, te puedo anticipar brevemente que se trata de lo siguiente: El Obispo de Talca, Don Manuel Jarrín tiene un fundo en la comuna de Pirque, arrendado, en el cual las condiciones en que vive la gente que en él trabaja son muy malas. Esto lo tiene muy inquieto y me ha pedido a mí que estudie alguna forma para solucionar el problema. Para mí la única solución consiste en que los propios inquilinos pasen a ser los dueños del fundo. Le he preparado un proyecto preliminar basado en ésa idea y él me la ha aceptado, así es que lo que falta es echar a andarlo. Como el arriendo termina en abril no hay mucho tiempo. Para poder realizar un proyecto así, que constituye , a mi juicio, una verdadera Reforma Agraria, he pensado que tú serás la solución ideal, para que apareciendo en un comienzo como mayordomo del fundo vayas organizando la cooperativa entre los inquilinos, que sería básica para poder entregarles la tierra, y puedas dirigirla.
Como te decía, para poder explicarte todos los antecedentes y alcances de éste proyecto, necesitaría conversar personalmente contigo, para lo cual sería necesario que te pegaras un viajecito a Santiago.
Bueno Ángel, no se si habré sido claro, en todo caso conversando nos explicaremos mejor. Eso si te pido, por el momento absoluta reserva sobre éste proyecto. Saluda de mi parte cariñosamente a tu mujer y familia y tú recibe un abrazo afectuoso de tu amigo.
Fernando Fuenzalida Jencquel
Santiago, 23 de Enero de 1962.”
He querido reproducir, en forma íntegra ésta carta, la cual constituye una síntesis de todo lo expuesto en éste trabajo, don Ángel Valenzuela el campesino formado como práctico agrícola en el IER, un “militante” que además de conocimientos técnicos, poseía dotes del líder campesino necesario para llevar a cabo el proceso de reforma agraria, quién además como se dijo fue el primero presidente de la Cooperativa Agrícola los Silos de Pirque, por otro lado tenemos a don Fernando Fuenzalida, exponente de lo mejor de nuestra clase media del siglo XX, educado en los Sagrados Corazones, y en la Universidad Católica, además de haber participado en la Acción Católica, estos fueron los gestores de los cambios en las estructuras agrarias del siglo XX, y porque no decirlo, fueron el motor del desarrollo y la modernización del país.
[1] Oscar Domínguez: “El campesinado chileno y la Acción Católica Rural”. Editorial FERES, Santiago de Chile 1961, apéndice I.


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