La Narrativa como herramienta en la historiografía.

Quiero comenzar este pequeño artículo, con la foto del Maestro Marc Bloch, uno de los mejores entre nosotros, y que encarna el ideal de todo aquel que se dedica al oficio de historiar, estudioso claro y riguroso, maestro generoso, y e incansable idealista, muerto por sus ideales, mi homenaje, al historiador, judeo francés, asesinado por los nazis.
Últimamente he tenido el privilegio le leer algunas novelas de contenido eminentemente histórico, destaco entre ellas, la obra de Isaac Bashevis “El Esclavo” novela que gira en torno de un joven estudiante de una escuela Rabínica, que producto de las persecuciones de los cosacos Ucranianos es tomado esclavo; otra novela ha destacar es la notable es la obra del autor argentino Pablo Chami “Sefarad” en la cual describe el periplo de una familia Judeo Safardi, que parte con la oprobiosa expulsión, del reino Español en el año 1492 y que termina, con el arraigo de la comunidad perseguida en tierras Otomanas, donde se les brinda refugio de la persecución por parte de los reinos Católicos.
Quiero dedicar, una mención especial la obra de mi amigo Galvarino Melo “Piel de Lluvia”[1] donde describe en formato de novela la experiencia de cientos de Chilenos, que generosamente aportaron a la lucha libertaria en Centroamérica.
¿Qué tienen en común estas tres novelas? Lo que tienen en común es que estas tres obras, nos cuentan una historia que valga la redundancia, es Historia, que importa si Jacob, el joven aspirante a Rabino, de la novela de Isaac Bashevis fue real, que importa si efectivamente fue uno de los importantes discípulos de Sabetai Zevi, lo que importa es que Si existieron las persecuciones contra los Hijos de Sión durante todo el XVI y XVII en la zona Este de Europa, lo que si importa es que Zabetai Zevi, fue real, predicó y traicinó a su pueblo.
¿ Existió David de Córdova que navego junto a los venecianos, fue discípulo de la Mirándola? ¿tiene alguna importancia? Eso cambia acaso el hecho que en 1492, el mismo año el Judío Colon descubría un nuevo continente para sus Majestades Católicas, esas mismas Católicas Majestades expulsaban so pena de muerte a todos los Hijos de Sión, lo que importa como lo relata magistralmente Pablo Chami, es el periplo que debieron sufrir los miles de sefardíes, al ser expulsados de la separad, donde habían habitado incluso antes de la era cristiana.
¿Importa si Doménico enamoró a la bella Gioconda Belli cuando era un combatiente de la libertad en Nicaragua? Para mi no, lo que si importa, es que efectivamente hubo en los años 70 y 80 del siglo pasado un puñado de lo mejor de Chile, que contribuyó a la libertad en Centroamérica.
Estas tres novelas ¿son fuente histórica, o son sólo arte? Desde el punto puramente cientificista de abordar el conocimiento social diríamos que no, pero cuidado, el relato contenido en una novela, puede aportar ser un importante aporte al conocimiento histórico, de hecho y por lo menos en los casos de las tres obras creo que se da, los novelistas captan de modo preciso lo importante de los procesos históricos en los cuales se desarrolla su relato, en este sentido sentido tienden a tener una mejor visón historica que los mismos historiadores, siendo aproximandose a la historia social la cual es entendida como el “estudio de la estructura y del proceso de la acción e interacción humanas, tal como se han producido en los contextos socioculturales del pasado”[2] y sin quererlo se acercan en cierto sentido al ideal de la Escuela de los Annales de “convertir la historia social en historia de la sociedad, enfocando esta disciplina como una reconstrucción de épocas pasadas que incluyera todas sus dimensiones, medio físico, ideas y normas”[3].
Por tanto, y con el riesgo de recibir más de algún atque por alguno de mis colegas que se dedican al oficio de historiar, hago un llamado a volver al relato, y a tomar atención a las novelas de calidad que describen trozos de la historia donde por timidez o por algún anacronismo metodológico los historiadores no se han atrevido explorar y a considerar como fuente valida del conocimiento de procesos sociales. En este sentido se son notables los aportes de los miembros de la tercera generación o fase de la escuela de los annales, muchos de los cuales “están volviendo a descubrir la historia política y hasta la historia narrativa”[4] dándose en esta generación un claro “renacimiento del genero narrativo”[5], en Chile el sociólogo Tomás Moulian también parece estar revalorando el estilo narrativo o de relato como forma de trabajo en las ciencias sociales al señalar que en el prologo de su libro “Chile actual anatomía de un mito” que en su libro utilizará “los recursos de la poética dentro de un discurso que pese a esa intención no renuncia al uso del léxico de las ciencias sociales, la aproximación al lenguaje poético que denominare genéricamente metáforas, es indispensable para mi proyecto”[6].
Por ultimo quiero aclarar, que el hecho de que se intente aproximar a la “nueva narrativa histórica” no significa que se esté abandonando el análisis estructural de la sociedad, muy por el contrario, ya que lo que se pretende es hacer una síntesis entre la forma de narración tradicional y aquellos que centran principalmente sus estudios los análisis estructurales, en este sentido concordamos con la posición de Peter Burke que señala que “ha llegado el momento de investigar la posibilidad de una vía para escapar de este enfrentamiento entre narradores y analistas”[7], lo que quiero expresar en definitiva, es por un lado, que debemos ser valientes y aprovechar las novelas de calidad, que nos aportan visiones sobre procesos históricos, que abordan temas no estudiados, por la historia tradicional, y por otro, quiero recalcar la necesidad de volver al relato, nuestro oficio, de historiar, es esencialmente relatar, contar, novelar, eso si, con rigurosidad y con una metodología social, pero que necesariamente debe, expresarse en un relato atractivo, claro y sencillo.
[1] Solo he leido el primer capítulo, espero que su autor me haga llegar la obra completa.
[2]. Jean Hecht: “Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales”. Editorial Herder. España 1992, volumen 5 p. 430.
[3] Ibíd. P.433.
[4] Peter Burke: “La revolución historiografía francesa”. Editorial Gedisa, España 1993, p.12.
[5] Ibíd.: p.69.
[6] Tomás Moulian: “Chile actual: Anatomía de un mito”: Ediciones LOM, Chile 1997, p.7
[7] Peter Burke: “Forma de hacer historia”. Editorial Alianza, 1995, p.262.


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