Saturday, September 16, 2006

El Chile republicano un proyecto de clase.

El Chile republicano un proyecto de clase.

En Fiestas Patrias, donde el país se embriaga de chauvinismos y de chilenidad, es interesante preguntarse ¿a quien benefició la independencia de Chile? ¿a quien ha beneficiado las guerras contra nuestros vecinos?. Desde ya aclaró, que el 18 de septiembre fue la fecha de la primera junta de gobierno y no de la independencia nacional, que fue un 12 de febrero de 1818.

A quien benefició la independencia, para muchos el hacerse ya esta pregunta es una ofensa porque dicen “la independencia benefició a la nación chilena” “nos liberó del yugó español” diría otro en forma categórica…

Con el ánimo de ofender directamente, yo digo que la independencia, fue un proyecto de clase, de la clase terrateniente, que quería administrar este coto de caza para sus negocios, la independencia, las guerras, siempre sido en beneficio de dicha clase, este mismo grupo de criollos terratenientes, que fueron los que gestaron la separación con España, que luego y con afanes mercantiles impulsaron las guerras contra nuestros vecinos, que lisa y llanamente fueron guerras por controlar las riquezas naturales, y respecto de las cuales tenían mezquinos intereses económicos, es esa clase que castigo duramente a su díscolo fruto, el presidente Balmaceda, que reprimió duramente a los obreros pampinos en la Matanza de la escuela Santa María, en la primeras décadas del siglo XX y que aplaudió con gesto rastrero el golpe militar de 1973.

Eso si, esa clase ha sido inteligente, porque al pueblo lo ha engañado con el concepto de chilenidad, que es una forma eufemística de referirse al pueblo, al cual desprecian, pero que no dudan en ocuparlo como su mano de obra barata, para hacer el sus guerras y el trabajo sucio en la represión cuando el pueblo se ha organizado conquistando espacios de poder, es esa misma clase, que públicamente critica a los gobiernos de la Concertación, pero que en privado les agradecen por mantener las reglas del juego….esa clase que es inteligente, y que ha conquistado la hegemonía cultural y ante la cual la coalición gobernante le ha abierto los brazos, mente y su corazón…

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Friday, September 15, 2006

APUNTES INTRODUCTORIOS AL CONCEPTO DE GLOBALIZACIÓN[1]

VLADIMIRO.- ¿Y si nos arrepintiéramos?
ESTRAGÓN.- ¿De qué?
VLADIMIRO.- Pues... No hace falta entrar en detalles.
ESTRAGÓN.- ¿De haber nacido?
VLADIMIRO.- Ni siquiera nos atrevemos ya a reír.
ESTRAGÓN.- ¡Vaya privación!
Samuel Becket. “Esperando a Godot”.


INTRODUCCION.

Sin la intención de caer en lugares comunes, en cualquier esquina del mundo podríamos escuchar un dialogo similar a la de los personajes de Becket, el dilema del hombre contemporáneo como decía Herbert Marcusse “es el miedo y la incertidumbre”[2], miedo e incertidumbre que del punto vista histórico no tiene justificación, pues desde la segunda mitad del siglo XX, no se han registrado grandes conflictos bélicos, tampoco se han registrado grandes hambrunas y epidemias que mermen en forma masiva a la población[3] entonces cabe hacerse las interrogantes ¿Cuál es el motivo de dichos temores?, ¿A que se le teme?.

Una primera aproximación a una respuesta a estas interrogantes, está en el fin de las certezas que se traduce a su vez en la inseguridad, inseguridad a tener un trabajo, a no tener una cobertura adecuada de salud, a ser victima de la delincuencia y del terrorismo.

A nivel mundial, se puede observar, que el Miedo, se encarna en dos factores de análisis que son el terrorismo y el temor a ser víctima de la delincuencia, pero frente a éstos factores cabe hacerse algunas interrogantes a tener en consideración, ¿es real dicho miedo?, es decir, se ¿justifica empíricamente dicho temor o responde a un fenómeno de victimización?, es menester tener en consideración que la victimización es un fenómeno esencialmente subjetivo que responde a como se individuo se siente frente al fenómeno delincuencial en cualquiera de sus formas, la otra interrogante apunta al ámbito político del miedo, pues en este sentido es pertinente preguntarse si ¿algún grupo social manipula el discurso social para crear este miedo a la delincuencia o al terrorismo aumentando en forma artificial la victimización ?

Otro aspecto de suyo necesario para tener en consideración, es la problemática de la Globalización, un fenómeno social complejo que se da principalmente a partir de la segunda década del siglo pasado, de antemano anticiparé en señalar y a calificar a la globalización como un fenómeno esencialmente cultural, que se caracteriza una nueva estructura de flujos, no tan sólo de mercaderías, sino también de información y de personas, en ésta línea de pensamiento, partiendo del supuesto que el fenómeno globalizador tomando las ideas de Arjun Appadurai “es esencialmente cultural asociado a los medios tecnológicos de comunicación masiva”. La globalización esta asociada a la irrupción de los medios de comunicación de masas y a la irrupción de la alta tecnología, elementos de suyo importante para acentuar el control social. Como se ha dicho la globalización tiene un componente masificador de la cultura, masificación que no debemos confundir con homogenización, sino como flujos culturales y de mentalidades que traspasan las barreras de las fronteras de los estados, por tanto, como lo explica en forma explícita Appadurai “la globalización no implica necesariamente ni con frecuencia homogenización o americanización en la medida en que las diferentes sociedades se apropian de manera distinta de los materiales de la modernidad”[4]. La problemática del miedo, por tanto se enturbia con la globalización, pues si bien la recepción del fenómeno es distinto partiendo de su propio sistema cultural, es evidente que el mensaje de miedo o terror, ya no tiene un alcance local, sino un alcance mundial y aquí entra la interacción en la cadena del miedo, entre el que lo provoca y entre quien se ve beneficiado por el terror.

Como se puede observar, para efectos de este ensayo, se trabajará en bases a tres variables que son La Globalización, el Terrorismo y la Delincuencia. Es menester señalar que el terrorismo y la delincuencia son los supuestos y las hipótesis que pueden explicar el fenómeno del miedo, y la globalización es el catalizador social que permite que el terrorismo y el miedo se filtren en la sociedad civil.

La hipótesis de trabajo, es que el terrorismo y el temor a la delincuencia a nivel local, responden a la misma lógica, la lógica del terror, que intenta desviar la atención a los problemas reales como son el deterioro medioambiental, el hambre y la falta de oportunidades, es así que sin desmerecer el problema, la opinión mundial está más preocupada del destino de la banda de Bin Laden que de los genocidios que se producen en África azotada por las guerras civiles, se preocupa más por incrementar gastos en defensa contra un enemigo muchas veces imaginario, que de gastar en medicamentos en muchas zonas del mundo donde las pestes y otras en enfermedades son pan de cada día. Nunca en la historia de la Humanidad, producto de la tecnología y la revolución de los medios de comunicación mundial se había podido manejar el inconsciente cultural de tantos miles de personas. Nunca antes se podía haber observado en forma más evidente y brutal la hegemonía social y cultural de un modelo cultural y económico sobre el resto de la humanidad, lográndose una supremacía casi absoluta sobre el orbe, teniendo en consideración las palabras del maestro italiano Antonio Gramsci que decía “La supremacía de un grupo social se manifiesta de dos modos, como «dominio» y como «dirección intelectual y moral”[5]

Otro aspecto a tener en consideración es saber cual es el papel que le corresponde al derecho en este nuevo orden mundial, pues el sistema normativo y dentro de éste la ley, como fenómenos sociales son esencialmente dinámicos que se desarrollan y responden a una realidad social determinada y esencialmente a los valores que tiene el grupo social dominante en un determinado periodo, como señala Agustín Squella “toda normatividad jurídico-positiva resulta expresiva de determinados valores o valoraciones que es posible atribuir primeramente, al creador de la norma o al grupo o fuerza social que presiona en un determinado sentido normativo”[6], el problema que se presenta con la globalización es poder identificar a ese grupo social dominante que crea y configura el sistema normativo. La problemática jurídica y del derecho, es como señalaba Giácomo Perticone “un momento de la vida real, de la experiencia histórica, es acción”[7] ésta acción es guiada por las concepciones valóricas del grupo dominante, y se da en el marco del conflicto social propio de un momento determinado y en un Estado determinado, el problema es que con la globalización la concepción del Estado Nación entra en su fase terminal”[8] y de esto surge una nueva interrogante, que es ¿Cómo se va a adaptar el derecho y la normativa jurídica a la Globalización?, por ahora, podemos anticipar un arduo debate que se va generar, en torno a como el derecho va abordar los fenómenos del terrorismo y de la delincuencia, a modo de ejemplo, podemos observar, el creciente fenómeno de desprendimiento de la jurisdicción nacional a una jurisdicción internacional, dando la posibilidad de juzgar a ciertos delitos por tribunales internaciones, a través de la Corte Internacional de Justicia. Otro aspecto relacionado con el derecho, es el peligro de transformar el tradicional concepto de Estado Derecho, limitando las libertades individuales, usando la excusa del combate contra la delincuencia y el terrorismo.


I- Teorías en torno la Idea de Globalización.

Una de las principales problemáticas más complejas al aproximarse a las disciplinas sociales[9] está dada por el lenguaje utilizado, pues un mismo concepto, puede significar cosas diametralmente distintas dependiendo del contexto social, cultural he histórico que se analice, teniendo siempre presente las palabras del insigne historiador francés Marc Bloch que decía que “las ciencias sociales reciben en su mayor parte su vocabulario de la materia misma de su estudio, lo acepta ya desgastado y deformado por un dilatado uso; es, además, por otra parte ambiguo como todo sistema de expresión”[10], ésta situación, por tanto, dificulta la lectura y comprensión de cualquier trabajo que trate el tema, pues es importante tener en consideración que el lenguaje además de ser un instrumento para reflejar ciertos aspectos de la realidad física como intelectual, es una herramienta efectiva de dominación ideológica, y de disciplinamiento social y cultural. La complejidad en elaborar un concepto sobre el término globalización está porque, es un fenómeno relativamente nuevo, complejo por los múltiples y factores que abarca la globalización y también porque, el término globalización es de aquellos que tienen tras si una fuerte carga valórica, política e ideológica, pues en su desarrollo no influyen solamente variantes técnicas, sino que tanto o más importantes que éstas son las políticas, económicas y culturales.

Es por lo anterior que desde las diversas perspectivas teóricas también se manifiestan distintas posiciones respecto a las tesis que postulan una tendencia hacia un mundo cada vez más homogéneo a raíz de los procesos que desencadena la globalización. Appadurai advierte una tensión entre homogeneización y heterogenización[11]. En este punto, Ulrich Beck inscribe a este autor en la tradición de la teoría cultural que rechaza “el extendido concepto de la macdonalización del mundo”. En resumen, lo que plantea este enfoque es que “la globalización cultural no significa que el mundo se haga culturalmente más homogéneo”[12].
Para algunos autores que vienen del mundo de la antropología y de la historia de la cultura como el mencionado Appadurai y Peter Burke, la idea de homogeneización deriva casi inevitablemente en argumentaciones que postulan la transformación de la cultura en mercancía, vinculándola generalmente a la expansión de la cultura estadounidense. No obstante, desde su punto de vista, lo que no consideran quienes razonan de tal modo es la rapidez con que se adaptan las fuerzas culturales hegemónicas a las sociedades receptoras si es que logran penetrar en ellas. Dicho de otra manera, lo que se estaría produciendo en la sociedad actual es un doble proceso. Un mundo cada vez más interrelacionado e interconectado, que tiende hacia ciertas similitudes, pero que a la vez genera ciertos efectos que acentúan las diferencias entre sus componentes.
Otro autor que ha escrito y trabajado sobre el tema, Octavio Gianni, reflexiona acerca de este asunto analizando las metáforas utilizadas para referirse a la globalización. Así, señala que la idea de aldea global, a la se hace alusión su principal exponente Marshall McLuhan, “sugiere que, finalmente, se formó la comunidad mundial, concretada en las relaciones y las posibilidades de comunicación, información y fabulación abierta por la electrónica. Sugiere que están en curso la armonización y la homogenización progresivas”[13]. Gianni, ve en esta noción una expresión sociocultural de la globalización que puede ser entendida “como una teoría de la cultura mundial, una cultura de masas que tiende hacia una uniformización, a escala global, de los modos de pensar, de sentir, imaginar y actuar".[14]
Al mismo tiempo, Appadurai se aparta tanto de las tesis que postulan la occidentalización del mundo, como de las tradicionales tesis sobre modernización, las que se encuentran generalmente relacionadas, ya que comprenden los modelos, instituciones y valores prevalecientes en Estados Unidos y Europa Occidental[15]. En este mismo orden de ideas, el autor se aleja de los paradigmas cimentados en el binomio centro-periferia indicando que “la nueva economía cultural global tiene que ser pensada como un orden complejo, dislocado y repleto de yuxtaposiciones”[16]. En este sentido, deja en evidencia las complicaciones de la globalización y de los nuevos vínculos y movimientos que en ella están presentes.
Por otro lado, el reconocido autor, Joseph Stiglitz, quien desde una perspectiva distinta efectúa una exhaustiva reflexión acerca de los efectos de la globalización, pero esta vez enfocada más bien en sus dimensión comercial, económica y financiera, da cuenta de una tendencia hacia cierta uniformización en la aplicación de las políticas en estos ámbitos. En este esquema Stiglitz analiza distintas experiencias, basado al igual que Appadurai en sus propias vivencias, identificando un denominador común en todas ellas.
Para este economista, la imposición de políticas en los países en desarrollo, especialmente por parte del Fondo Monetario Internacional, se produce en una relación desigual en la cual “los que mandan son los grandes países desarrollados, y uno sólo, los Estados Unidos, ostenta un veto efectivo”[17]. Es así como sugiere, a diferencia de Appadurai, que la globalización es un proceso dirigido, y que además produce efectos a todo nivel, social, económico, cultural, etc. Consecuencias que podrían ser positivas en el sentido que “puede ser una fuerza benéfica y su potencial es el enriquecimiento de todos”[18], pero que en la práctica ha sido mal conducido y ha generado una creciente división entre poseedores y desposeídos que amenaza a la identidad y los valores culturales de estos últimos.
En concreto, Stiglitz apela a la necesidad de considerar las particularidades de cada país en la aplicación de las políticas comerciales y financieras. Esto considerando las diversas dimensiones que definen a cada sociedad. Se trata entonces de adaptar la globalización a las condiciones y ritmos del lugar específico de que se trate.
Para Zygmunt Bauman, en cambio, la globalización en su sentido más profundo expresa la idea del carácter “indeterminado, ingobernable y autopropulsado de los asuntos mundiales; la ausencia de un centro, una oficina de control”[19]. Esto, a diferencia de la noción de universalización antes en boga que pretendía la creación de condiciones de vida similares en todo el mundo, dando a todos las mismas posibilidades de desarrollo. Para este autor el acento está en los efectos globales de la globalización los que muchas veces resultan imprevistos y no deseados[20].
Por ultimo, volviendo a Appadurai y a la teoría cultural que rechaza la idea de homogeneización y de imposición de una cultura sobre otras, este autor enfatiza en una retroalimentación entre lo global y lo local. En este sentido, según las palabras de Beck “la globalización significa sobre todo localización, es decir, un proceso lleno de muchas contradicciones, tanto por lo que respecta a sus contenidos como a la multiplicidad de sus consecuencias”[21].

[1] El presente trabajo, es parte de un trabajo mayor, sin editar, el cual se estudia a la globalización como un fenómeno cultural, en éste breve ensayo, se intentará presentar algunas ideas teóricas que puedan servir de base para aproximarnos al concepto de Globalización.
[2] Marcusse Herbert: “Odio en el Mundo Actual”. Editorial Eudeba, Buenos Aires Argentina 1967, Prefacio.
[3] Frente a ésta afirmación se podrían dar numerosos ejemplos en contrario, como las hambrunas que azotan con regularidad al continente africano, el conflicto en el medio oriente y otros, pero al respecto podemos afirmar, que los conflictos bélicos si bien han sido y son tan desastrosos como las guerras mundiales, o las de los siglos precedentes, podemos afirmar categóricamente que se trata de conflictos localizados, que no alteran el funcionamiento normal del orbe, las hambrunas, también son un fenómeno localizado, que fácilmente si existiera la voluntad política podrían solucionarse, cifras de la FAO, demuestran el globalmente con el grado de eficiencia que se ha logrado en la agricultura fácilmente se podría alimentar a toda la humanidad.
[4] Appadurai, Arjún. La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2001, p. 33.
[5] Antonio Gramsci: “De Maquiavelo a Lenin”. Editorial Paidos, Buenos Aires Argentina, 1989, p. 30
[6] Agustín Squella N. “El conocimiento de los valores en el Derecho”. En Revista de la Ciencias Sociales de la sede Valparaíso de la Universidad de Chile, Nº 16, primer semestre de 1980, p. 32.
[7] Giácomo Perticone: “Orientaciones actuales del pensamiento jurídico” Editorial Troquel, Buenos Aires Argentina, 1965, p.91.
[8] Appadurai, Arjún: Ibíd., p- 37.
[9]Se ha preferido ocupar el término “Disciplinas Sociales” en vez de “Ciencias Sociales”, pues dar la categoría de “Ciencia” a ramas del saber humano como la Historia, la Sociología, la Antropología, la Economía y el Derecho, nos parece una idea a lo menos discutible. Es menester aclarar que el poner en duda el carácter de ciencias que tienen saberes tan importantes como son el Derecho, la Historia, la Sociología entre otros, no significa el restarle el valor intelectual y el carácter de sistematicidad que tienen, sino muy por el contrario, es intentar despojarse del complejo decimonónico de creer que para que una disciplina tuviera cierta legitimidad cultural debía encuadrarse en la categoría de ciencia.
[10]Marc Bloch: “Introducción a la Historia”. Editorial Fondo de Cultura Económica, Cuidad de México, México 1975, p.133. 7ª Edición.
[11] Ibíd. p. 45
[12] Beck, Ulrich. ¿Que es la globalización? falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Paidos, Barcelona, 1998. p.56.
[13] Gianni, Octavio. Teorías de la globalización. Siglo Veintiuno Editores, México, 1998, p. 5.
[14] Ibíd. p. 74.
[15] Ibíd. p. 60.
[16] Appadurai, Arjun. p.46.
[17] Stiglitz, Joseph. El malestar en la globalización. Taurus, Buenos Aires, 2002, p.40.
[18] Ibíd. p. 11.
[19] Bauman, Zeygmunt. Globalización. Consecuencias humanas. Fondo de Cultura Económica, Brasil, 1999. p. 81.
[20] Ibíd., p. 21.
[21] Beck, Ulrich. “Qué es la Globalización”. Editorial Paidos, Buenos Aires Argentina, 1999 p. 56.

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Sunday, September 10, 2006

11 de Septiembre.
Mi homenaje a las víctimas, mi recuerdo a los caídos, mi respeto a los que tuvieron el coraje de no callar en aquellos oscuros pasajes de nuestra historia.
El cielo será de aquellos, la tierra libre será su páramo, el hombre nuevo su fruto.
AMEN.

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Saturday, September 09, 2006

La Década Larga, los años 60.
El 11 de septiembre es una fecha que sin lugar a dudas va a quedar registrada en el ADN de los chilenos por generaciones, pero desde el punto historiográfico, se puede decir, que marca el fin de una década, el año 1958 con la dictación de la ley 12.889 que establecía la cédula electoral única, y termina con el golpe de estado en septiembre de 1973. Esta década de 1960 es la que se le ha llamado la “década larga” del siglo XX, donde se desencadenaron en forma más patente las fuerzas dialécticas del conflicto social, producto no sólo causas internas, sino también como se ha demostrado en forma fehaciente a partir de la ultima década del siglo XX de causas externas, especialmente en lo que respecta a la “indecorosa” intervención de los Estados Unidos de Norteamérica y de sus agentes internos, en la política interna no sólo de Chile sino de todos los países de la región. Para entender, ésta década larga, es desde menester intentar aproximarnos a conocer como era el Chile de los sesenta.
VISION DE CHILE A COMIENZOS DE LA DECADA DE 1960.
Intentar explicar en forma acabada la compleja década de los sesenta es una tarea en extremo difícil, más aún si se intenta hacerlo en pocas líneas, por tanto, es importante indicar que en esta parte del trabajo solo se darán someras pinceladas que permitan, tener un marco de referencia en el cual se desarrolla la opinión de los Obispos chilenos sobre los problemas del agro y del campesinado en este periodo, que es en definitiva el objeto principal de estudio, enfocando la exposición en dos coordenadas que son el cambio y la consolidación, por tanto, lo que se pretende aquí es simplemente entregar el marco histórico básico sobre el cual se desarrolla el objeto del presente estudio, junto con intentar aportar elementos para la discusión sobre el estudio y análisis de la compleja e interesante historia de Chile y de Hispanoamérica en la década de los años sesenta.
Si se quisiera señalar los principales rasgos distintivos del país al comenzar este decenio, se podría advertir que los 60 se caracterizan por ser un período de cambio y de consolidación.
De cambio en razón de las reformas estructurales que se dieron en este período, y que obedecieron a contingencias y a causas de distinta índole. En esta década en Chile se producen importantes cambios, no solo políticos, sino también demográficos, económicos y sociales los cuales en su conjunto cambiaran la faz del país. Estos cambios se pueden clasificar principalmente en cuatro grupos, que son políticos, sociales, económicos y demográficos.
Los cambios Políticos: Poco antes del comienzo de esta década el 31 de mayo de 1958 se promulga la ley 12.889, este cuerpo legal establecía el uso de la cédula electoral única, ordena las inscripciones permanentes y el cierre de las secretarias políticas 48 horas antes del acto electoral. “La novedad más importante de esa ley fue adopción de la cédula oficial, impresa por la propia Dirección del Registro Electoral y que reemplazó a los votos o cédulas que antes imprimían los candidatos o sus partidos”[1], y por consiguiente, la importancia de esta reforma, fue que hizo prácticamente imposible el cohecho y el fraude electoral que sé hacía a través del reparto de cédulas impresas previamente marcadas por los mismos candidatos y repartidas después entre los electores con una promesa de recompensa o bajo amenazas y presiones de distinta índole, esta practica se daba principalmente en los campos, por lo que esta reforma vino a mermar la influencia política de los sectores latifundistas ligados políticamente a la derecha tradicional. Otro aspecto importante de esta reforma fue la incorporación como masa con un importante peso electoral del campesinado, que ya no era un sector políticamente dependiente de la derecha tradicional, y que, por tanto, era electoralmente atractivo tanto para el centro político como para los partidos de izquierda, y que, por consiguiente, ambos sectores incorporaron en sus programas electorales temas de interés para este sector social y entre estos estuvo indudablemente la promesa de realizar importantes cambios estructurales en el sector agrario y especialmente la realización de la anhelada reforma agraria. Un aspecto importante de destacar en lo que se refiere a los cambios políticos que se dieron en este periodo fue el notable retroceso electoral que sufre el radicalismo, fuerza importante en las décadas anteriores y que a partir de mediados de los años cincuenta comienza a perder su importancia e influencia en la política nacional.
Tampoco se podría dejar de lado dentro de este punto un acontecimiento que si bien tuvo su desarrollo lejos de Chile, influyó notablemente en el escenario político Latinoamericano y nacional, este hecho fue el triunfo de la Revolución Cubana, la cual en el espectro nacional no solo tuvo una importante influencia en los sectores de la izquierda chilena sino también en la derecha y en otros grupos que encaminaron su acción política en pos de evitar que se repitiera la experiencia cubana en Chile, por su parte a nivel Latinoamericano, producto de la reacción de los EEUU, “lo que prevaleció a excepción de Chile y Perú, fue el derrocamiento de gobiernos reformistas y la derrota, tanto de la lucha guerrillera como de la orientación frentista de la izquierda ortodoxa”[2].
Para finalizar este punto es necesario volver a señalar que esta década fue especialmente rica en cambios políticos, los cuales en su conjunto dejaron profundas huellas en el país.
Los cambios Económicos: La economía Chilena el comenzar la década de los sesenta, en términos generales, no difiere mucho en su estado al de las décadas anteriores, pues “la dura realidad de subdesarrollo recorre toda la década Iberoamérica de 1960”[3] y Chile no era excepción, vivía en fuerte dependencia financiera internacional, con una altos índices de inflación, con una considerable deuda externa debido principalmente a que el “poder de compra de las exportaciones seguía el proceso de reducción, iniciado en las décadas anteriores y así mientras que en 1925-29 cien de exportación se cambiaban por cien de importación, en 1955-59 los cien de exportación conseguían sólo 90 de importación”[4].
Problemas endémicos de la economía Chilena como la inflación, el desempleo y los desajustes estructurales no experimentan al comenzar esta década grandes cambios, y al contrario, hasta cierto punto se agudizan, especialmente al debilitarse el modelo o sistema de sustitución de importaciones, en gran parte debido a que un importante sector de la población carecía del poder adquisitivo necesario, y como señala el ya citado autor Marcello Carmagnani que dice “el desarrollo económico latinoamericano aminora después de 1950, teniendo en cuenta el incremento demográfico, la renta nacional pasa del 2,7% anual entre 1945 y 1950, al 1,7% anual entre 1950 y 1961”[5] entre las posibles explicaciones para esta situación hay una serie de factores y causas dignos de ser tomados en cuenta, entre los más relevantes de estos se puede señalar una lenta evolución del comercio exterior que se dio en el ámbito latinoamericano, desajustes estructurales que impedían y frenaban el crecimiento de ejes de desarrollo, y relacionado con lo anterior, un escaso crecimiento y desarrollo del sector industrial debido entre otros factores a una escasa capitalización por parte de privados en el sector industrial, al respecto, es digno de tener en cuenta que en Chile más del 40% del producto nacional se encontraba bajo el control estatal y que las empresas del sector fabril más importantes eran empresas estatales filiales de la CORFO, como ENDESA, CAP, ENAP, por nombrar algunas. Otra consecuencia importante relacionada con esta lenta evolución del sector industrial es la existencia de un importante sector de la población que no tenía sino un pobre poder adquisitivo, y que, por tanto, no estaba o en el mejor de los casos tenía una baja participación en el mercado, este sector era el campesinado tradicional, cuyo sueldo en un porcentaje considerable era en especie y que a su vez “eran mucho más bajos que los salarios urbanos, dándose una relación 3 a 8 respectivamente”[6] y por consiguiente, carecían de dinero en efectivo para adquirir los productos que la industria nacional ponía en el mercado, esta situación hizo que un importante grupo de estos industriales viera con cierto interés y hasta con un grado de simpatía los procesos de transformación en el agro chileno, pues creían que al tener los campesinos un poder adquisitivo suficiente, se conquistaría un mercado que hasta entonces no se tenía; es menester señalar al respecto que el porcentaje de la población rural a comienzos de esta década era aproximadamente un 35% de la población total del país. Como se dijo anteriormente, la economía al comenzar este decenio era similar al de la década anterior, pero en lo que sí hubo cambios es en las soluciones que se dieron para enfrentar estos problemas.
La década de los sesenta será rica en experimentos económicos, se aplicarán en este periodo distintos enfoques económicos, pasando de un esquema netamente liberal como fue el aplicado en el gobierno de Jorge Alessandri, cuya principal meta en este aspecto era el control de la inflación y el logro de un equilibrio fiscal, todo esto sobre la base de una economía de mercado, es importante señalar, que durante este gobierno se lleva a cabo a fines del año 1961 la conferencia de Punta del Este en Uruguay, esta reunión le da él vamos a la Alianza para el Progreso, este era un programa que el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica John Kennedy intentó aplicar en la región, y que consistía en un compromiso de ayuda económica a los países Latinoamericanos a cambio de que estos realizaran reformas estructurales entre las que se contaban programas de reforma agraria, de reformas tributarias con el propósito de mejorar la distribución de la riqueza, reformas educaciones, etc. este plan de ayuda de Kennedy “constituye una nueva estrategia en la lucha anticomunista y con el se pretende contrarrestar la influencia de la Revolución Cubana en Iberoamérica”[7] y con estos antecedentes se entiende que una coalición de gobierno de derecha legislara sobre materias tan ajenas a sus intereses y a su ideario político y económico, de este esquema económico liberal se pasa, tomando la expresión de Marcello Carmagnani, a uno de tipo “populista reformista” en el gobierno democristiano de Eduardo Frei Montalba, en el cual se llevan a cabo una serie de importantes reformas como fueron la Chilenizacion del Cobre y la implantación efectiva de la Reforma Agraria, y de este, se pasa a uno que intenta sentar las bases para iniciar la transición al socialismo, en el gobierno del presidente Salvador Allende Gossens, que “se centró en la recuperación de las riquezas nacionales de las que disfrutaban los capitales estadounidenses -nacionalización de los yacimientos de cobre- y en la eliminación del poder de la oligarquía a través de una radical reforma agraria”[8], la conducción económica de este gobierno según la opinión la Oficina de Planificación Nacional se orientaba principalmente a dos tipos de acciones que son “aquellas destinadas a comenzar los profundos cambios que requieren la economía y la sociedad chilena para la solución definitiva de sus problemas fundamentales por la vía del avance hacia el socialismo, y aquellas destinadas a solucionar problemas inmediatos de extrema gravedad originados por la crisis económica y social en que desembocaron las gestiones gubernativas anteriores, agravada por la resistencia de la oligarquía”[9].
Por tanto, como se puede observar, el estado de la economía al comenzar la década de los sesenta no varía en mucho a las décadas anteriores, en lo que sí se pueden observar cambios de importancia, es que en el transcurso de ella, se aplicaron distintos enfoques económicos inspirados en concepciones políticas antagónicas como las que se llevaron a cabo en los gobiernos de los presidentes Jorge Alessandri que era de corte liberal y que contaba con el apoyo de la derecha, del democristiano Eduardo Frei de corte populista reformista inspirado en las ideas socialcristianas, y del socialista Salvador Allende Gossens que era apoyado por la coalición de partidos de la izquierda chilena llamada Unidad Popular y en que se agudizaron los conflictos producto del colapso del sistema de sustitución de importaciones entre otros factores.
Los cambios de Sociales: En la década de los sesenta se producen en Chile importantes movimientos de tipo social, actores sociales que en la década anterior estaban en estado embrionario durante el transcurso de ésta, se consolidan y adquieren fuerza, y enriquecen el conflicto en torno a las soluciones de los desajustes estructurales de la sociedad chilena.
Un actor que queda plenamente configurado como tal es el campesinado, sector social importante que ha estado presente en a largo de la historia nacional, pero que adquiere relevancia política, social y económica a partir de mediados de la década de 1950, esto producto de una “serie de transformaciones”[10] , gracias a las cuales comienza a perfilarse como un actor social importante, organizándose y manifestando su opinión sobre los problemas que los aquejaban.
Respecto al problema teórico de que se entiende por campesinado[11], para efectos del presente trabajo, se entenderá en términos generales, como un grupo social, cuyo origen está en las relaciones de producción que directa o indirectamente se vinculan al trabajo agrícola, y cuyos ingresos dependían en su mayor parte de una contraprestación en dinero, especie u otro que realizaba a un tercero. El campesinado sin ánimo de entrar el la polémica entre campesinistas o descampesinistas, formaba parte de los grupos sociales más desprotegidos del país, pues carecían de la fuerza política de los empleados y de los obreros industriales, organizados en sindicatos y centrales sindicales, los cuales habían dado desde principios del siglo XX duras luchas sociales y que habían conseguido importantes reivindicaciones sociales.
En el periodo pre -reforma agraria el campesinado como grupo social, estaba conformado principalmente por los inquilinos que eran campesinos que a cambio de su trabajo el propietario, que generalmente era un latifundista, les concedía el uso de vivienda y la explotación de una parcela de tierra, es menester señalar que el inquilino en ciertas épocas del año debía proporcionar gratuitamente brazos para las labores agrícolas, éstos trabajadores se conocía como “obligados” y generalmente eran miembros del grupo familiar, hijos del inquilino los cuales a temprana edad debían acompañar a sus padres a las labores agrícolas abandonando tempranamente su educación factor que contribuía a las altas de analfabetismo de las zonas rurales. En este periodo el campesinado, estaba también compuesto, por pequeños minifundistas, es decir, por pequeños propietarios agrícolas los cuales no podían subsistir sólo con la explotación de su propiedad, debiendo emplearse como peón al latifundista, especialmente en ciertas épocas del año. Por ultimo el campesinado estaba compuesto por una serie de artesanos, y obreros agrícolas, que se empleaban en forma esporádica para uno o más empleadores.
En síntesis, los inquilinos, los minifundistas, los obreros agrícolas[12] formaban parte del campesinado, y constituía el sector en los cuales los desajustes estructurales, se hacia notar con mayor fuerza, donde los indicadores de pobreza eran mayor que en el mundo urbano.
Otro segmento de la población que comienza a perfilarse claramente como un actor social de peso es la juventud, a la ya clásica efervescencia de los estudiantes universitarios, se le suman otros grupos menos organizados de jóvenes como son los estudiantes secundarios, grupos de trabajadores jóvenes, grupos juveniles de la Iglesia Católica como la “JOC, la JAC”[13] y la propia Acción Católica, etc., es importante consignar que en este periodo la participación juvenil en política se incrementa cuantitativa y cualitativamente, no siendo pocos los casos de jóvenes que llegan al Parlamento y a puestos de importancia dentro de la administración pública, por tanto, en este periodo la participación social del sector juvenil se diversifica, los Obispos Latinoamericanos se dan cuenta de este fenómeno y señalan que “en la región está dándose la tendencia cada vez mas fuerte a reunirse en grupos o comunidades de distinta índole, pero que en su diversidad se muestran particularmente sensibles a los problemas sociales, reclamando cambios profundos y rápidos que garanticen una sociedad más justa”[14]. De hecho se puede observar, que el proceso de agudización de los conflictos sociales y políticos, se ve claramente reflejado en la juventud, la cual a modo de ejemplo hace notar con fuerza su voz en las distintas organizaciones tradicionales, en las cuales participa, teniendo en ocasiones una opinión crítica frente a la conducción por parte de las generaciones mayores. Es en éste periodo en el cual surgen nuevos movimientos políticos, muchos de los cuales se nutren de contingentes de jóvenes provenientes de orgánicas tradicionales, este el el caso del MIR que nace de la convergencia de jóvenes del Partido Socialista y de un grupo minoritario del Partido Comunista junto a grupos de tendencia trotskista, caso similar sucedió con el Mapu que nace de una escisión de sectores progresistas de la democracia cristiana, los cuales en su mayoría eran miembros de la JDC, en la Iglesia Católica la voz de los jóvenes se hará notar con fuerza en el Movimiento de Iglesia Joven que encabezó la toma de la Catedral de Santiago el 4 de mayo de 1969.
A estos grupos ya mencionados se suman los pobladores, las juntas de vecinos, centros de madres etc., que comienzan lentamente a ganarse un espacio dentro del abanico de la participación social. Todos estos nuevos grupos ya mencionados durante esta década harán sentir su opinión frente a los problemas que los aquejan y comienzan a ser objeto de una mayor atención tanto del Gobierno, como de la Iglesia y de los partidos políticos. Otro aspecto interesante a analizar, desde el aspecto del cambio social vivido en esta década, es el relacionado con el fenómeno de la proliferación de un nuevo tipo social que para este periodo esta completamente definido, este es el poblador urbano marginal, este grupo nació principalmente de la migración rural, y se estableció en las márgenes de las grandes ciudades construyendo un sinnúmero de poblaciones que se conocen con el nombre de “poblaciones callampas”, este nuevo grupo social dentro del sector socioeconómico más pobre, compartirá características comunes al campesino y al obrero urbano y es en este periodo un grupo que se caracterizó por estar en el centro del conflicto social en el ámbito local, siendo el actor principal de las “tomas de terrenos” tan comunes y típicas del periodo estudiado en este trabajo.

Los cambios Demográficos. La población chilena aumentó de 4.943.447 en 1940 a 7.465.000 en 1960 y la tasa de crecimiento vegetativo paso del 6,8 a 24,4 respectivamente este aumento demográfico se explica por una serie de factores como fue la importante disminución de la tasa de mortandad que descendió de un 24,0 en 1930 a un 12,5 en 1960.
La importancia del factor demográfico, se entiende en razón de que debe darse cierta proporcionalidad entre el aumento demográfico y de la producción agropecuaria, en términos generales es conveniente tener en cuenta que “cuando la producción crece a un ritmo inferior al del crecimiento demográfico, las dificultades sociales surgen de la frustración de los que no encuentran un modo digno de ganarse la vida, y del hecho que demasiados se la ganan sin contribuir al bienestar social”[15], en el plano más específico del sector agropecuario, se dio que “entre los años 1952 y 1964 la población chilena aumento aproximadamente en un 2,5 % el crecimiento de la producción agropecuaria fue de apenas un 1,8 % en el mismo periodo”[16], lo cual hace notar un claro desajuste entre el crecimiento de la población y el de la producción agropecuaria situación que se traduce en una escasez de productos agropecuarios, debido a que el posible aumento de la demanda es mayor al del aumento de la oferta, Marcello Carmagnani señala respecto de este mismo punto lo siguiente: “El aumento del desarrollo demográfico y el descenso del desarrollo económico, particularmente en el sector agrario, provocaron un estancamiento de la población activa en las zonas rurales”[17]. Es menester señalar que el factor demográfico fue uno de los más usados por quienes proponían cambios en las estructuras del agro, pues muchos veían con preocupación la situación anteriormente mencionada especialmente porque veían que el ritmo de crecimiento de la población era mayor que el de la producción agropecuaria.
Para finalizar esta parte del tema dedicado al cambio en esta década, es menester volver a señalar que los Obispos Chilenos al hacer sus observaciones sobre los problemas de país y del agro, se encuentran con un Chile que esta cambiando, este cambio obedece a múltiples causas, como son de tipo demográfico, pues en este periodo la población chilena aumenta considerablemente, de tipo político al elevarse los niveles de participación en las decisiones públicas y en los partidos políticos y demás grupos de opinión, lo que contribuyó a hacer más participativo el régimen democrático chileno de tipo económico pues sé a través de distintos enfoques, se buscan soluciones rápidas para solucionar el problema del subdesarrollo, de la pobreza y de las injusticias sociales que afectaban al país, en resumen, los Obispos se enfrentan ante un Chile en constante cambio a la cual en su labor de pastores debían orientar.
[1] Jorge Cash : “Bosquejo de una historia”. Editorial Pucará, Santiago Chile 1986, p.254.
[2]Darcy Ribeiro: “Los nuevos caminos de la Revolución Latinoamérica”, en Revista de la Universidad Técnica del Estado, N° 14 del primer trimestre de 1973, p.57.
[3] Carlos Sempat: “Modos de producción, capitalismo y subdesarrollo en América Latina”, en Cuadernos de la Realidad Nacional, N°7, editorial de la Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile 1971, p. 116.
[4]Jorge Ahumada: Op. Cit. P. 62.
[5] Marcello Carmagnani: Op. Cit. P.43
[6] Jorge Ahumada: Op. Cit. P. 113.
[7] Carlos Concha y Julio Maltés: “Historia de Chile”. Editorial Bibliográfica Internacional, Chile 1995, p.537.
[8] Marcello Carmagnani: Op. Cit. P.48.
[9]Chile: Oficina de Planificación Nacional: “Plan Anual año 1971”. P.3.
[10] Entre las transformaciones más importantes que facilitaron la incorporación del campesinado como actor social destacan la ya mencionada reforma electoral del 31 de mato de 1958, la ley N° 16.625 de sindicalización campesina, el nacimiento de instituciones de capacitación y de apoyo al campesinado como INPROA, INDAP, el IER, entre otras, y el surgimiento de numerosas centrales y sindicatos campesinos.
[11] Respecto a que se entiende como campesinado, éste es un tema sumamente discutido por los teóricos dedicados al estudio de las disciplinas sociales, nosotros no queremos entrar en la necesaria e interesante discusión entre descampesinas y campesinistas, entre chayanavistas y anti chayanavistas, sólo nos limitaremos a señalar un concepto que sirva de marco referencial, para efectos de una mejor compresión del presente trabajo.
[12] Dentro de los obreros agrícolas incluimos a una serie de personas que ejercían oficios ligados al mundo rural, como mecánicos, herreros y otros.
[13] La JOC eran las siglas de la Juventud Obrera Católica, fundada en el año 1957, por mandato del Cardenal José María Caro, al refundirse en una sola organización los clubes de jóvenes obreros y operarios fundados por el padre Fernando Vives en la década del 30; por su parte la JAC eran las siglas de la Juventud Agraria Católica, fundada y organizada por el padre Rafael Larraín en la década del 40, de la JAC fue donde se saco la base para la fundación del Instituto de Educación Rural, y por ultimo es interesante tener en consideración, que gran parte de los dirigentes campesinos católicos estuvieron ligados directa como indirectamente con la JAC y con el IER.
[14] CELAM: “La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio Vaticano II”. Ediciones Paulinas, Medellín Colombia 1968, p.104.
[15] Jorge Ahumada: “En vez de la miseria”. Editorial del Pacifico, Santiago de Chile 1960, p. 57.
[16] Celso Furtado : “La economía latinoamericana desde la independencia hasta la revolución cubana”. Editorial Universitaria, Santiago de Chile 1966, p.145.
[17] Marcello Carmagnani: “América Latina desde 1880 hasta nuestros días”. Editorial Oikos- Tau, Madrid España 1975, p.43

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